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El Contagio de la Crisis Griega: Los Zapatos con sello de Manolo.
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Autor Tema: El Contagio de la Crisis Griega: Los Zapatos con sello de Manolo.  (Leído 4365 veces)
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Y la verdad os hara libres


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« en: Septiembre 28, 2011, 07:14:35 pm »



Mi amigo Manolo tenía una zapatería en una ciudad mediana de España.

Me lo encontré hace tres veranos en su chiringuito habitual de la costa. Delante de una gran fuente marisco. Como celebrando.

Me contó que había ampliado el negocio. “¿Zapatos?” Le pregunté. “No,sellos” Me disparó. Y me relató con entusiasmo cómo la inversión en
esos papelitos tenía una rentabilidad que ni de lejos alcanzaban sus zapatos.

Una locura, pensé. Pero cuando me contó que la mayoría de sus amigos habían hecho lo mismo, me dije que algo debían de tener esos sellos,
para que todo el mundo los quisiese.

Agosto de 2008. Los bancos.

Esa tarde me fui a tomar un café con varios periódicos económicos debajo del brazo. La noticia principal: “Los bancos diversifican sus
inversiones”.

Contaban esos diarios que, tras décadas dedicándose al negocio tradicional –captar fondos y prestar a clientes solventes-, la gran
banca dedicaba ahora buena parte de su dinero a la compra de deuda de los distintos países.

Me resultó extraña la nueva dedicación de los bancos. Pero tras leer a fondo el artículo, el negocio estaba claro: era mejor prestar el
dinero a los estados –comprando su deuda–, que prestárselo a los particulares y empresas. Porque los estados no quebraban, y los
particulares sí.

Lo curioso es que, aunque se suponía que ningún estado quebraba, los bancos percibían casi el triple de intereses por prestar a Grecia que
a Alemania. Por tanto –pensé–, los bancos comprarán deuda griega, que les da más dinero y se supone que sin riesgo.

Septiembre de 2011. Manolo.

Me encontré hace unos días de nuevo a mi amigo. Tenía ojeras y la mirada perdida. Estaba en su cafetería de siempre. Café sin tostada.

Tras comentar sobre la familia, le pregunté por su nueva inversión. Me miró entre sorprendido y enojado: “¡Perdí todo!”. “¿Y eso?”: No me lo
podía creer.

“Eso es que tras pagarme los primeros intereses –verdaderamente grandes-, la empresa filatélica quebró. Y ahora andamos a ver si
cobramos algo del Gobierno. Pero está difícil; imposible”

“Lo he perdido todo. Estoy desesperado”. Fue lo último que le escuché antes de marcharme.

Septiembre de 2011. Los bancos

Dejé a Manolo con su pena y me fui a leer los periódicos económicos habituales.

Me entero de que Grecia está a punto de quebrar. Que los bancos perderán buena parte del dinero de la deuda que habían comprado de ese
país.

Pensé que era obvio: “Eso les pasa por meterse en negocios que no es el suyo, y ahora lo han perdido todo”. Creo que lo dije en voz alta,
pues varias caras se giraron. Pero me acordaba de mi pobre amigo Manolo y su zapatería. Quien les mandaría a bancos y Manolo meterse
donde no les llamaban...

Pasé las hojas en busca de las fotos de banqueros desesperados con el dinero perdido por su mala inversión…Pero no las hallé.

Me puse a buscar las noticias de los ceses fulminantes de los dirigentes que no habían detectado e impedido esas inversiones tan
arriesgadas por parte de la banca…Pero no las encontré.

Y entonces leí: “Los grandes bancos a la espera de la quiebra de Grecia. La deuda de este país, comprada por ellos, perderá su valor.
Los gobiernos preparan inyecciones de dinero en la banca, para que la crisis no se contagie”

No sé si mi amigo Manolo necesita una inyección. Pero contagiado seguro que está: de la ambición de querer ganar más que nadie, y luego
lamentarse cuando se pierde el dinero.

¿Y por qué no ayudan a Manolo?, me pregunto. El banco le quitó el piso a mi amigo, “porque el banco no es una institución de caridad, es una
empresa privada, y tú le estás haciendo perder dinero”.

Pero ahora nos dicen que no debemos dejar que se contagien esos bancos, "porque es en bien de todos que no caigan", y para ello hay
que inyectarles grandes sumas de dinero. De los contribuyentes. Para ayudar a los bancos. No a Manolo. Que no debe de ser un bien de todos.

Igual de ambiciosos: Manolo y los bancos. Pero Manolo no tiene inyección. Ni rescate. Ni nadie que le escriba. No tiene sellos...
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